La mujeres y el cáncer de pulmón

Este nuevo trabajo, aparecido en ‘Cancer Epidemiology Biomarkers & Prevention’, se basó en el perfil de más de 36,000 mujeres de entre 55 y 69 años. Todas ellas respondieron a cinco encuestas realizadas en un plazo de tiempo de 20 años. Entre otras cuestiones, se preguntó sobre el ejercicio físico (intensidad y frecuencia) y el hábito de fumar.

DISTINTOS GRUPOS
En función de las respuestas se establecieron distintos grupos: nivel alto de actividad
física, si se realizaba ejercicio de manera vigorosa dos o tres veces por semana
o moderada, más de cuatro veces en una semana; nivel medio, si la actividad
intensa tenía lugar una vez a la semana o si ésta era moderada y se repetía entre
una y cuatro veces; el resto de los casos se consideraron como un nivel bajo.
También se tuvo en cuenta el uso de tabaco: fumadoras actuales, las que consumieron
pitillos en el pasado y las que no los habían probado nunca.

 


Una vez cumplidas las dos décadas de seguimiento, se sumaron un total de 777
casos de cáncer de pulmón. De ellos, 125 correspondían a no usuarias, 177 a las que
consumieron en el pasado y 475 a las que seguían fumando. Al relacionar estos datos
con el ejercicio se vio que la actividad física desempeñó un papel protector.
“Se dio una relación inversa entre la actividad física y el cáncer de pulmón [...]
Las mujeres que realizaron deporte a un nivel alto resultaron un 23% menos propensas
de ser diagnosticadas de un cáncer de pulmón”, indica el estudio. Esta reducción
fue del 21% y del 29% en el caso de las que se ejercitaron de forma moderada
y vigorosa, respectivamente.

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