Nacen con el “mouse” pegado a la mano, los dedos en el Nintendo y en el control remoto de la televisión.
Tienen oídos hiperresistentes a fuertes descargas de decibeles.
Permanecen horas frente al televisor, viendo caricaturas japonesas o jugando videojuegos. Casi no
van al zoológico o por un helado, les parece demasiado aburrido.
Para ellos lo divertido es comprar juguetes electrónicos o ir al cine a ver la última película de acción o ciencia ficción. Los niños de hoy parece que nacieron más inteligentes, más activos, más sabios
pero, sobre todo, más rápidos.




