Todos los novios en la víspera de ir al altar están llenos de ilusiones y emoción por la llegada del día más importante de sus vidas: su matrimonio.
Acontecimiento en el que no debe faltar nada ni nadie, todo debe salir bien; la iglesia y la decoración, el coro, la torta y el champagne, la filmación, las fotos, y por sobre todo el vestido y el ajuar. Recuerdos que harán de esa noche una Boda inolvidable.
Luego de la Iglesia llegarán los saludos y abrazos de felicidad de la familia y amigos, se bailará el “Danubio Azul” y muchas piezas más hasta que al final de la fiesta dirán cogidos de la mano: “llegó el momento de nuestra Luna de Miel”.
La Luna de Miel será el inicio de un estar solos, de una vida en común en la que será necesario una adaptación constante y planificación permanente, ingredientes infaltables del “dulce” que prepararán
ambos y que debe ser inacabable, como el juramento de su amor: “hasta que la muerte nos separe”.
Así, la noche de bodas se conservará como un “dulce” recuerdo que nutrirá su relación y dará fuerzas para hacer crecer la familia.
La Noche de Bodas, inicio de un largo camino:
La Noche de Bodas es muy importante para los dos, por ello deben buscar un espacio “especial”, lleno de encanto y tranquilidad.
Aquí algunos consejos:
Elijan de preferencia un lugar bonito y desconocido para ambos. Descubran juntos y vean con los mismos “ojos”, en común: su futuro.
Desconecten los teléfonos celulares y olvídense del Chat.
Hagan el brindis mirándose a los ojos, por un deseo de ambos: Preocuparse el uno por el otro todos los días de sus vidas. Y al momento de la mayor intimidad, cuando el calor del brindis y la pasión del
momento tan esperado aflore por cada uno de sus poros, entréguense sin limitaciones
a disfrutar en armonía de uno de los placeres que nos da la vida: el placer sexual.



