Protectores solares.

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A pesar de los informes acerca del daño que produce la exposición solar son pocos los que utilizan una adecuada protección. Es­tos daños son acumulativos, y responsables de arrugas, manchas y lesiones que pueden ser fatales. Sin embargo, no todos tienen en claro el factor de protec­ción más conveniente para su tipo de piel, ni de qué mane­ra y cuando aplicarlo. Aquí, una guía para cuidarse mejor.

Es fundamental identificar el fototipo personal, es decir, la capacidad de la piel para asimilar la radiación solar. Su clasificación va del I al VI, de mayor a menor sensibilidad; los más sensibles a la radiación requerirán mayor factor de protección.

Sensibles. Fototipo I: pieles muy claras, que nunca se broncean, factor de protección solar (FPS) 50 o más. Fototi­po II: pieles claras, que se broncean mínimamente, FPS 50.

Normales. Fototipo III: pieles intermedias, que se broncean gradualmente, FPS 30 o más. Fototipo IV: pieles morenas, que se broncean con bastante facilidad, FPS 20 o más.

Insensibles. Fototipo V: pieles oscuras, en las que el bron­ceado es intenso, FPS 20. Fototipo VI: pieles de raza negra, que se broncean muy intensamente, FPS 20.

En todos los casos es necesario aplicar el pro­tector en todo el cuerpo y en la cara, media hora antes de la exposición solar. Repetir la aplicación cada dos horas.

Los dermatólogos no aconsejan el uso de fac­tores cuyo índice esté por debajo de 20.

El índice FPS (Factor de Protección Solar) es un multiplicador que surge del cálculo entre el tiempo mínimo que una piel puede exponerse al sol sin ponerse colorada y el que tomaría en hacerlo si no se usa­ra filtro solar.

Se recomienda seguir usando el mismo factor de protección aun cuando la piel ya esté bronceada.

El uso de protectores solares es la mejor ma­nera de lograr un bronceado parejo, ya que evita que nos pongamos colorados.

Aun con protección, se debe evitar la exposición pro­longada al sol en las horas pico (entre las 10 y las 16).

Los bebes de menos de un año no deben ser expuestos al sol, ya que a esa edad todavía no controlan su sistema térmico y pueden deshidratarse. Si tienen menos de seis me­ses, no se les debe aplicar protector.

En los más pequeños, siempre se debe usar pantalla solar, ya que su piel es mucho más delgada y sensible.

Usar protector solar incluso en días nu­blados. Las nubes dejan pasar el 85% de las radiaciones UV.

Utilizar barras específicas de protección para zonas más sensibles en párpados y labios.

Verificar que el protector esté testeado der­matológicamente y que sea hipoalergéni­co. Usar siempre productos aprobados por la la Food & Drug Administration de los Estados Unidos (FDA, por sus siglas en in­glés).

Protegerse con sombrilla, gorra y lentes de sol con filtro UV.

Beber mucha agua para evitar las deshidrataciones.

Después de la exposición solar, aplicar siem­pre geles o emulsiones postsolares para cal­mar, hidratar y reestructurar la piel.

Fotos: Bellavlog

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