
Aconsejar a un adolescente es muy fácil; lograr que acepte el consejo es otra cosa.
No se trata sólo de que el consejo “caiga en saco roto”; a veces ellos se comportan
de forma extraña deliberadamente y hacen justo lo contrario de lo que se les pide.
Allí es donde usted se da cuenta de que tiene un problema. Entonces, ¿qué se debe
hacer a la hora de aconsejar a un adolescente?
La respuesta más corta es “no lo haga”. Esto a primera vista puede sonar ridículo;
después de todo, los padres tienen más experiencia de la vida y la mayoría está de
acuerdo en que el trabajo paterno consiste en transmitir esta experiencia a los hijos.
Pero el problema de aconsejar, es que se trata de un modo de controlar.
Muchas veces lo disimulamos diciéndonos que sabemos la situación que están
enfrentando, tenemos la experiencia y el conocimiento, pero en realidad lo que
estamos expresando es… lo que deseamos que ocurra; “esto es lo que quiero que
hagas”.
La adolescencia es un período para aprender el autogobierno, a hacerse responsables
de uno mismo y de las propias decisiones.
Es un proceso esencial para que su hijo adolescente se convierta en un adulto
equilibrado, totalmente preparado para la vida, y una parte esencial del proceso es
pasarle el control a él.
Para la mayoría de los padres esto es realmente aterrorizante. Se preocupan por lo
que pasará si lo hacen, piensan que si ceden un poco de control eso significa que
perderán todo el control. Pero, de hecho, se trata de delegar responsabilidades y
rendiciones de cuentas.
Los padres se preocupan por lo que harán sus hijos adolescentes, por lo que sucederá
si se equivocan.
En primer lugar, ceder el control en esta etapa tiene que ver más con ceder responsa-
bilidad sobre la forma de hacer algo, no equivale a ceder el control total. Se trata de
dejar a su hijo involucrarse en la solución de un problema particular, significa enseñarle
estrategias para resolver problemas.
Si usted siempre le proporciona las soluciones, ¿cómo aprenderán a encontrarlas por sí
mismos en el futuro?
En segundo lugar, sus hijos adolescentes probablemente se equivocarán, cometerán
errores… ¿y qué hay de malo en ello? Usted les está enseñando a autocorregirse,
igual que lo hizo cuando estaban aprendiendo a montar en bicicleta y se caían una y
otra vez.
Cometer errores es una parte natural del proceso de aprendizaje; se aprende más de
los errores que de “hacer las cosas bien”. ¿Cuánto importa realmente si no lo “logran”
la primera vez …o no escogen la “mejor” alternativa?
Por último, ¿acaso la solución que usted les ofrece es la “mejor”? Es fácil olvidar que
nuestros hijos pueden tener una idea distinta de la nuestra en lo que respecta a la
solución de un problema. Una solución determinada puede ser la mejor para usted,
pero ¿es la mejor para su hijo?
Aconsejar a los adolescentes diciéndoles qué hacer es sólo una forma de transmitir
el conocimiento paterno.
Hay otras maneras de alcanzar el mismo objetivo con una mayor probabilidad de éxito.
Y la forma en que usted transmita ese conocimiento es lo que marca la diferencia.