Posts Tagged ‘Parejas’

Los celos.


Aquellos que son considerados como los normales, que nos mantienen alertas, prevenidos,
ante cualquier amenaza de peligro y que nos llevan a replantear nuestra relación pero tam-
bién están los celos  enfermizos o patológicos, esos que van minando lentamente la relación
de un hombre y una mujer y hasta puede llevar a cometer crímenes horrendos.

Los celos se manifiestan ante la aparición de una situación o persona que el yo-interno clasi-
fica como mucho más dominante y competitiva.

Los celos provocan que el sujeto que los padece, se sienta vulnerado y ejerza un sobre dominio
de la persona objeto del celo, atrapándola en una red de circunstancias opresivas tales como
privarla de la libertad, aislarla, seguirla al trabajo, revisar sus relaciones externas, buscar una
evidencia de traición etc.

Crisis o el final de una relación.


Las parejas afrontarán sus problemas conforme a su madurez emocional y a la habilidad para
gestionar los conflictos.
Del modo en que se superen los problemas dependerá que una pareja, refiriéndose a una etapa
conflictiva, hable de una crisis más o la perciba como lo que fue el principio del fin.
La manera en que cada miembro de la pareja afronta ese periodo de problemas obedece, a fac-
tores como: la madurez emocional, la habilidad para gestionar los conflictos, la duración de la re-
lación, las redes de que disponga o el momento personal en que se encuentre.
No hay criterios fijos a los que recurrir determinar si una relación toca ya su fin.

Además, cuanto más duradera haya sido esa unión y cuando la ruptura afecte a más personas
(los hijos son el argumento que muchas personas esgrimen para seguir conviviendo, a pesar de la
crisis), más difícil se hará tomar la decisión de romper.

Podría decirse que el momento en el que una relación deja de aportar a los miembros de la pareja
ese conjunto de elementos que la propició (afectividad y emoción, seguridad, disfrute sexual), se
alcanza el punto de inflexión en el que se debe producir el cambio.

Reconocer si se está atravesando una época con dificultades graves o si estamos ante el principio
del fin de la relación, deviene una tarea ardua para los miembros de la pareja, ya que inmersos en
un sinfín de emociones, sentimientos y sensaciones, resulta difícil serenarse lo suficiente para hacer
una reflexión tranquila que los conduzca a esclarecer en qué punto de la relación se encuentran.

No es extraño que se produzcan autoengaños, más o menos conscientes, que surgen como resisten-
cia al cambio, bien sea para replantearse la pareja y seguir adelante con cambios, bien para iniciar
definitivamente una separación.

Categorías de los celos.


Podría hablarse de varias categorías de celos que pueden dominar al hombre o la mujer

-Celos concurrentes o normales: relacionados con la inseguridad. Se tiene miedo de perder
a la persona querida. La actitud celosa se tiene contra un tercero al que se considera rival.

En este tipo de situaciones los celos, se puede canalizar de una manera positiva, es decir re-
planteando  la relación, si es que a caso hay falta de comunicación y es hora de tomar cartas
sobre el asunto. Es decir, podríamos darle la vuelta y sacar provecho a esa luz roja a nuestro
sensor.

-Celos proyectados: se da tanto en los hombres como en las mujeres. Nace por un deseo de ser
infiel a la persona querida, pero que no se tolera y queda reprimido. Los sujetos que niegan expe-
rimentar tentaciones de infidelidad (en su realidad inconsciente), sienten tal presión, que suelen
acudir a un mecanismo inconsciente para aliviarla: proyectan sus propios impulsos de infidelidad
en la otra persona.
Y por lo tanto la acosan, la persiguen, siempre están urgando en las cosas de la pareja (carteras,
billeteras, ropa íntima, los cuellos de la camisa) para encontrarle alguna prueba de que le está en-
gañando con otro.

Los celos patológicos, el sujeto que padece esta enfermedad “vive” en un estado de infelicidad, en
función de sus miedos y sospechas de engaño, muchas veces completamente infundados y práctica-
mente no acepta otra condición de verdad que no sean las evidencias que confirman su inseguridad
en la relación. Los celos patológicos pueden manifestarse indistintamente en hombres o mujeres.

Los celos causan mucha angustia e infelicidad y aún provocar el daño al ser objeto del celo, incluso
hasta lograr una respuesta física de agresión desmedida terminando, en la reclusión (secuestro), en
el asesinato o agresión física. Este nivel de celo es muy difícil de curar y las personas que lo padecen
tienen grandes posibilidades de llegar a situaciones extremas si no se someten a un especialista.

Dependencia emocional.


En los vínculos amorosos hay un cierto grado de dependencia emocional que por supuesto
es completamente normal y saludable; es más, es el componente imprescindible para que
las parejas funcionen.

La diferencia entre la dependencia emocional patológica y la “normal” es únicamente de
grado, es cuantitativa y no cualitativa.

Dicho de otra forma, todos somos (o la mayoría) un poco dependientes emocionales, pero
en un grado no patológico. De igual forma, puede existir gente un poco desconfiada sin ne-
cesidad de ser paranoide.

La dependencia emocional como tal tiene un trasfondo patológico que implica sumisión, dese-
quilibrio, autoanulación que puede implicar riesgo vital, aversión a la soledad, baja autoestima,
etc.
En la dependencia “normal” los miembros de la pareja potencian su desarrollo invidivual, la emo-
cionalidad que sostiene la relación es positiva, aún cuando –como en cualquier relación- puedan
existir conflictos pasajeros.

Más me pegas, más te quiero.


Mujeres con dependencia emocional marcada,  les urge  tratamiento psicológico para
aprender a valorarse y respetarse.

Hace algunas semanas un deplorable hecho ocupó las páginas de los medios de nuestra
capital y es que una  mujer que fue rociada por alcohol y luego prendida en fuego por su
pareja, y que tras quedar con graves quemaduras, increíblemente se resistía  a ponerle
una denuncia por este condenable delito.

Este tipo de comportamientos suelen repetir en nuestro país y generalmente lo vemos en
los estratos medios y bajos, aunque tampoco escapan las féminas con mayores ingresos
económicos o estudios superiores.

De modo que no nos debe extrañar que se sigan dando estas situaciones sino no se toma
una medida urgente en la que se sumen  esfuerzos de parte de las autoridades y la socie-
dad misma para contrarrestar que cada día más mujeres sean agredidas por sus parejas.