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Cómo comunicarles sus ideas claramente a los adolecentes.

1. Pregunte antes de dar. Siempre pregunte a sus hijos si quieren su consejo antes
de empezar a dárselo.
Si dicen “sí, por favor”, siga adelante y diga lo que tenga que decir. Si dicen “no”,
respete su decisión y manténgase en silencio.

2. Cuestione su intención. Si su hijo ha rechazado un consejo, hágale preguntas
específicas sobre la manera en que piensa manejar la situación.
Hacer preguntas sobre “partes” más pequeñas de un problema es una manera de que
al menos piense bien en su problema.

3. Bríndele información en vez de consejo. Indicarle a su hijo una fuente de información
neutral le permitirá acceder a los datos que necesita sin tener que estar de acuerdo
con su punto de vista.

4. Bríndele tiempo. Sólo porque su hijo no le haya dado una respuesta inmediata a sus
preguntas, no significa que él lo esté ignorando. Dele tiempo para alejarse y pensar
sus respuestas.

5. Alabe sus cualidades. Recordarles a nuestros hijos cuáles son sus puntos fuertes
los ayudará a concentrarse en la elección de opciones hasta escoger la mejor para
ellos.
Si usted resalta sus defectos, perderán la confianza en sí mismos para lo que sea.

6. Escuche a su hijo. A menudo, el sólo hecho de escucharlo,  sin interrumpirlo le
mostrará que ni siquiera es necesario que le aconseje: su hijo ya tiene la solución.

El temor a llevar a cabo estas soluciones es comprensible, pero si se lo propone vera
que estará formando unos muchachos con decisión y proyección para la vida.

Como aconsejar a los adolescentes.

Aconsejar a un adolescente es muy fácil; lograr que acepte el consejo es otra cosa.
No se trata sólo de que el consejo “caiga en saco roto”; a veces ellos se comportan
de forma extraña deliberadamente y hacen justo lo contrario de lo que se les pide.

Allí es donde usted se da cuenta de que tiene un problema. Entonces, ¿qué se debe
hacer a la hora de aconsejar a un adolescente?

La respuesta más corta es “no lo haga”. Esto a primera vista puede sonar ridículo;
después de todo, los padres tienen más experiencia de la vida y la mayoría está de
acuerdo en que el trabajo paterno consiste en transmitir esta experiencia a los hijos.

Pero el problema de aconsejar, es que se trata de un modo de controlar.
Muchas veces lo disimulamos diciéndonos que sabemos la situación que están
enfrentando, tenemos la experiencia y el conocimiento, pero en realidad lo que
estamos expresando es… lo que deseamos que ocurra; “esto es lo que quiero que
hagas”.

La adolescencia es un período para aprender el autogobierno, a hacerse responsables
de uno mismo y de las propias decisiones.
Es un proceso esencial para que su hijo adolescente se convierta en un adulto
equilibrado, totalmente preparado para la vida, y una parte esencial del proceso es
pasarle el control a él.

Para la mayoría de los padres esto es realmente aterrorizante. Se preocupan por lo
que pasará si lo hacen, piensan que si ceden un poco de control eso significa que
perderán todo el control. Pero, de hecho, se trata de delegar responsabilidades y
rendiciones de cuentas.

Los padres se preocupan por lo que harán sus hijos adolescentes, por lo que sucederá
si se equivocan.

En primer lugar, ceder el control en esta etapa tiene que ver más con ceder responsa-
bilidad sobre la forma de hacer algo, no equivale a ceder el control total. Se trata de
dejar a su hijo involucrarse en la solución de un problema particular, significa enseñarle
estrategias para resolver problemas.
Si usted siempre le proporciona las soluciones, ¿cómo aprenderán a encontrarlas por sí
mismos en el futuro?

En segundo lugar, sus hijos adolescentes probablemente se equivocarán, cometerán
errores… ¿y qué hay de malo en ello? Usted les está enseñando a autocorregirse,
igual que lo hizo cuando estaban aprendiendo a montar en bicicleta y se caían una y
otra vez.

Cometer errores es una parte natural del proceso de aprendizaje; se aprende más de
los errores que de “hacer las cosas bien”. ¿Cuánto importa realmente si no lo “logran”
la primera vez …o no escogen la “mejor” alternativa?

Por último, ¿acaso la solución que usted les ofrece es la “mejor”? Es fácil olvidar que
nuestros hijos pueden tener una idea distinta de la nuestra en lo que respecta a la
solución de un problema. Una solución determinada puede ser la mejor para usted,
pero ¿es la mejor para su hijo?

Aconsejar a los adolescentes diciéndoles qué hacer es sólo una forma de transmitir
el conocimiento paterno.

Hay otras maneras de alcanzar el mismo objetivo con una mayor probabilidad de éxito.
Y la forma en que usted transmita ese conocimiento es lo que marca la diferencia.

Psicología de los colores en los niños.

En general, los tonos cálidos (rojo, naranja, amarillo) son los favoritos de los niños
extrovertidos, alegres, exigentes, que buscan llamar la atención e incluso pueden
ser muy egocéntricos.

Los colores fríos (azules, verdosos) indican un comportamiento social adecuado.

Azul: calma, serenidad, ausencia de competencia. Si domina, indica gran autocontrol.
Pero si está muy presente (lago, agua, mar) puede ser síntoma de enuresis.

Verde: equilibrio, tranquilidad, esperanza. Si domina, hay riesgo de pereza e inhibición.

Rojo: energía, vitalidad, excitación, pasión, valor. Si domina: hostilidad, agresividad y
tendencia a la ira que no sabe cómo canalizar.

Amarillo: adaptación, energía, dinamismo, apertura, intuición. Si domina, posible relación
difícil con la figura paterna o existencia de tensiones dentro de la familia.

Violeta: tristeza inquietud, idealismo, pudor. Si domina, posible presión excesiva de los
padres relacionada con las responsabilidades, lo que genera una sensación de no satisfacer
sus expectativas.

Marrón: seriedad, amargura, intolerancia hacia los conflictos, prudencia, pies en la tierra.
Si domina, puede indicar responsabilidad prematura y tendencia a un autocontrol o rigidez
excesivos.

Negro: vida interior rica, miedos, ansiedad, pudor, melancolía, sufrimiento.
Si domina, puede ser síntoma de desequilibrios internos y de un gran sufrimiento que no
expresa.

Conoce a tu hijo y su mundo con sus dibujos.

A simple vista, los dibujos parecen todos iguales, pero hay sencillas pistas que nos
enseñarán a comprenderlos mucho mejor.

La zona de la izquierda representa el pasado, el apego a la madre, la introversión.
Si siempre dibuja ahí, tiene muy presente un hecho que vivió (sea feliz o no).

El lado derecho simboliza el futuro, el apego al padre, la extroversión, la autoridad.
Para los que dibujan siempre ahí, el futuro es la esperanza, la promesa… o bien el
escape del presente.

El centro es el ahora. Si lo elige, está abierto a lo que ocurre a su alrededor, no
siente preocupación por el pasado ni el futuro.

Las líneas curvas son las favoritas de niños dulces, sensibles y tranquilos, pero su
exceso puede indicar inmadurez.
Los pequeños más realistas, con iniciativa y no muy emotivos eligen líneas más rectas
y ángulos.

Las formas grandes indican seguridad: el niño se afirma, ocupa su lugar. Pero también
puede ser una forma de compensar; cree que no se le presta la atención que merece,
y con el dibujo se hace ver.

Los dibujos pequeños son propios de niños serenos, seguros, que no compiten.
Si son demasiado pequeños, puede que se sientan poca cosa, sean muy solitarios o
tengan miedo de crecer.

Cómo interpretar los dibujos de los niños.

Observar sus dibujos te ayudará a conocer mejor a tu hijo. Con sus garabatos,
los pequeños comunican información sobre sus sentimientos, miedos, afectos y
personalidad.

Para los niños, dibujar es la mejor forma de expresar lo que no saben o no pueden
verbalizar, y también lo que intuyen que “estaría mal decir”.

En general, en todos los dibujos infantiles hay elementos positivos y otros preocupantes.

Son buena señal los colores pasteles y claros, las figuras sonrientes, las líneas onduladas
y las acciones positivas (jugar o divertirse).

En cambio, resultan inquietantes los tonos oscuros (sobre todo el negro), los rasgos
puntiagudos, los objetos como armas o cuchillos y las expresiones de rabia, agresión
o llanto.

Pero todo esto es relativo y depende de la edad y circunstancias de cada niño.

Para conocer mejor a tu hijo a través de sus garabatos, no basta con observar sólo
un dibujo.

Fíjate en lo que dibuja habitualmente, sus colores favoritos, los objetos que repite,
sus tendencias más marcadas, etc.